9 feb. 2012

“La beca del CEI me dará la oportunidad de investigar sobre la enfermedad de Alexander


El investigador Federico Herrera ha logrado una de las becas FUTTALENT del CEI.
Federico Herrera ha regresado a Oviedo tras investigar en el Instituto de Biología Molecular de Lisboa o The Salk Institute en California. Herrera estudió Biología en la Universidad de Oviedo y ahora regresa a Asturias gracias a una de las becas FUTTALENT convocadas por el Campus de Excelencia Internacional. Una oportunidad para desarrollar, junto al equipo comandado por Carmen Rodríguez , su investigación sobre la enfermedad de Alexander, una dolencia neurodegenerativa que afecta principalmente a bebés y niños desde hasta 12 años. De momento no tiene cura y las farmacéuticas y los medios no le han prestado tanta atención como a otras dolencias neuronales asociadas a la vejez como el Alzheimer o el Parkinson.

Estudió Biología en la Universidad de Oviedo y regresa como investigador de Excelencia, ¿por qué razón ha elegido volver a investigar en Oviedo?
Nunca me había planteado volver a Oviedo, a pesar de que me encanta la gente del laboratorio de Carmen Rodríguez, donde hice mi tesis, y mi relación con muchos de los investigadores de la Universidad fue siempre excelente. Me parece muy difícil conseguir una plaza de investigador, aunque es así en casi todo el mundo, y también me daba un poco de miedo encontrarme sin medios para investigar en un momento dado, especialmente por la situación económica actual. Cuando salió la plaza del campus de excelencia, tenía un proyecto en mente, y me dije: Si me dejan desarrollarlo, ¿por qué no? Me presenté sin mucha fe, sólo por probar. Pero la Universidad se portó extraordinariamente bien y me ofreció unas condiciones óptimas para desarrollar mi proyecto, así que acepté la plaza inmediatamente.


Sus investigaciones se desarrollan en el ámbito de la neurociencia ¿Qué camino está siguiendo ahora mismo dentro de esa rama?
Siempre he desarrollado mis investigaciones en el ámbito de las patologías humanas, con especial énfasis en las enfermedades neurodegenerativas relacionadas con la vejez (Alzheimer, Parkinson, corea de Huntington,…). Sin embargo, trabajé durante tres años en el Instituto Salk (La Jolla, California, EEUU), investigando acerca de los cambios que se producían en el cerebro a nivel celular y molecular durante el desarrollo embrionario. Estas investigaciones me hicieron interesarme por enfermedades del desarrollo como el síndrome de Down o la enfermedad de Alexander. La enfermedad de Alexander es también una enfermedad neurodegenerativa, pero afecta principalmente a recién nacidos y niños entre 0 y 12 años de edad.


¿De qué tipo de dolencia estamos hablando?
Es una enfermedad muy rara, detectable sólo tras el nacimiento, ya que los padres están siempre sanos, y no tiene cura. Puesto que es muy rara, la enfermedad de Alexander ha obtenido poca atención por parte de las farmacéuticas y los medios de comunicación. El hecho de que no afecte a mucha gente, no significa que esa gente no sufra. Los niños afectados sufren ataques de apoplejía, retraso mental y otros síntomas graves y raramente sobreviven más de una década. Así que me interesó mucho desde un punto de vista humano. Desde un punto de vista más técnico, la enfermedad de Alexander integra todos los aspectos de la neurociencia en los que he trabajado hasta ahora. El proyecto que he presentado para esta plaza va dirigido a comprender las bases celulares y moleculares de esta terrible enfermedad, con vistas al desarrollo de nuevas herramientas terapéuticas contra esta terrible enfermedad.

¿Qué cree que aportan convocatorias internacionales como las formuladas desde el Campus de Excelencia?
En mi opinión ayudan mucho al avance y a la competitividad de la Universidad de Oviedo. Gente nueva y renovación de plazas, una mayor dinámica de contratación fuera de casa, potencia el intercambio libre de ideas, la colaboración entre investigadores y la internacionalización de los descubrimientos de los investigadores de la Universidad de Oviedo. Además, conecta con las directrices europeas de movilidad de investigadores. Uno de los mayores problemas de Europa frente a los EEUU es que los europeos aún se mueven poco entre países para encontrar trabajo y cuando lo hacen es sólo de forma temporal. Los estadounidenses no paran quietos y no les importa quedarse a vivir en un estado u otro. Por ese motivo, creo que iniciativas como esta ayudan a la cohesión de Europa y a sus ambiciones en el ámbito de la investigación y el desarrollo tecnológicos.  

Respecto a su experiencia como investigador en otros países ¿qué marca la diferencia en el sistema universitario español y qué carencias tiene?
En España, y en la mayoría de los países, las universidades pagan a sus profesores principalmente para dar clases. En muchos casos la carga docente es tan grande que los profesores que quieren investigar lo hacen por verdadera vocación y frecuentemente a costa de su propio tiempo libre. No piensen sólo en países mediterráneos: Australia, Alemania, Francia, todos tienen este problema a nivel de sus universidades. En EEUU, el sistema universitario es ligeramente diferente. Existen universidades como las nuestras, que requiere un 90 por ciento del tiempo dedicado a la docencia, y luego dejan a discreción del docente si quiere dedicar ese otro 10 por ciento a investigación. Conozco gente a la que le gusta este formato porque no te exigen conseguir una de los proyectos del NIH americano, tan competitivos, y te permiten trabajar con dinero de pequeñas fundaciones y asociaciones. Sin embargo, existen también universidades que están más orientadas hacia la investigación y que exigen porcentajes de investigación/docencia cercanos al 50/50 o incluso 70/30. El hecho de que exista este espectro de universidades con orientaciones diferentes ayuda mucho a encontrar un trabajo más acorde con tu vocación. En España, si quieres trabajar en investigación la elección es entre la universidad o los centros de investigación puros.

¿Cuáles son las diferencias más notables para usted?
Uno de los principales problemas de las universidades en todo el mundo, en comparación con los centros de investigación que no imparten docencia, es la descentralización de muchos de los servicios y equipos con laboratorios muy compartimentados. Tanto en el Instituto Salk como en el Instituto de Medicina Molecular (Lisboa, Portugal), como en casi cualquier centro de investigación español, los equipamientos y los servicios científico-técnicos son comunes y dirigidos por técnicos especialistas. Hay cursos de entrenamiento constantemente para todos los usuarios. Las máquinas son cuidadas y mantenidas con sumo cuidado, y todos los grupos contribuyen económicamente a su mantenimiento, no sólo pagando las horas de uso. Pocos laboratorios tienen equipamiento grande o caro sólo para ellos, en parte porque ni siquiera los solicitan a título individual. Por el contrario, los grandes equipamientos se piden como institución y son para uso general.
Finalmente, las universidades tienen poca o ninguna ligazón con las grandes compañías privadas, que podrían aportar inyecciones importantes de capital a los proyectos de los investigadores. En todo el mundo, también en EEUU, el dinero para investigación proviene principalmente del Estado. Sin embargo, en EEUU la filantropía y la industria también contribuyen, a veces de forma decisiva, a la financiación de la investigación. Esta conexión con la industria es uno de las principales limitaciones de las universidades.


Usted ha tenido contacto y experiencias con instituciones norteamericanas como The Salk Institute for Biological Studies o Bundy Fundation for Alzheimer’s Research, ¿cuáles son los grandes puntos de contraste respecto al sistema europeo?
La filantropía y la conexión con capital privado, pero hay otros factores, que en Europa serían casi o totalmente inaceptables. Los investigadores principales del Salk y de muchas otras instituciones estadounidenses sin ánimo de lucro cobran un salario mínimo muy bajo, y ellos se comprometen a ganar el resto de su salario por medio de proyectos y becas.  Además, se les advierte que tienen que ganar una cantidad de dinero, generalmente alta, en proyectos y becas para la propia institución. En muchos aspectos, los investigadores mantienen la institución y toda su maquinaria administrativa que, sea dicho de paso, cobran un salario base gravísimamente mayor que los propios investigadores. Si juntamos estos datos con la gran cantidad de investigadores e instituciones de excelencia que compiten por las becas y proyectos  del NIH (principal fuente de financiamiento de todos ellos), el panorama que se pinta es altamente competitivo. Los investigadores principales, o son extremamente buenos o competitivos, o se mudan de institución en un margen de tiempo breve. En Europa los investigadores principales son relativamente más estables porque al menos el salario lo tienen garantizado por una serie de años, a veces para toda la vida. Y eso hace también que los que son competitivos lo sean por vocación y no por necesidad. En contrapartida, hay menos puestos de trabajo como investigador principal.

Durante su estancia en Oviedo impartirá docencia y colaborará en la dirección de tesis doctorales. Usted ya cuenta con una experiencia previa en este sentido ¿con qué ventajas cuentan los alumnos españoles y cuáles serían sus puntos débiles bajo su punto de vista?
Creo que el sistema docente español, incluido el de la Universidad de Oviedo, es muy bueno en general. Cualquier persona que quiera investigar realmente, podría hacerlo a nivel internacional a partir de la educación que se ofrece en esta universidad. Además, existen una serie de becas, contratos y proyectos tanto españoles como europeos, que están a disposición de los estudiantes para acompañarles desde su salida de la carrera hasta su independencia como investigadores. Pero claro, la investigación es un mundo dolorosamente competitivo e inseguro, totalmente basado en el mérito acumulado y con el listón subiendo a cada paso. Buenas notas en la carrera te dan casi seguro una beca doctoral; un buen doctoramiento con publicaciones te debería dar la primera beca postdoctoral; buenas publicaciones deberían facilitarte la siguiente becas postdoctorales; pero tienes que tener excelentes publicaciones (y muchas a ser posible) para conseguir más becas postdoctorales o una plaza más estable como investigador principal. La mayor parte de nuestra carrera es a base de becas de corta duración (1 ó 2 años), o sea que nos encontramos constantemente compitiendo por nuestros salarios. Hay muchas etapas de la carrera de investigador en las que no se cobra, ya sea porque no se consiguen becas/contratos, o porque estás en un periodo de transición entre dos becas/contratos. En ocasiones hay que desplazarse a otras partes de España o incluso al extranjero para conseguir nuestros objetivos profesionales. Sé de primera mano que los estudiantes de familias con problemas económicos pasan verdaderos apuros, incluso cuando tienen gran vocación, y dependen muchísimo del apoyo económico y sentimental de familiares y amigos para continuar. Para terminar en una nota positiva, si se aguanta la presión y la frustración, es probablemente uno de los trabajos más satisfactorios que puedan existir.

El cluster de Biomedicina y Salud ha fijado una de sus áreas de trabajo en el Desarrollo y degeneración cerebral, ¿cuáles son ahora mismo los grandes retos en este campo?
Existen muchísimos retos aún, pero yo diría que hay 3 retos principales. En primer lugar, la causa de muchas de las enfermedades neurodegenerativas es aún desconocida. Por ejemplo, sólo un 3-5 por ciento de los pacientes de Alzheimer o Parkinson muestran mutaciones familiares definidas que les causan la enfermedad. Se desconoce la causa de la enfermedad del otro 95-98 por ciento de los pacientes. La enfermedad de Alexander y la corea de Huntington son relativamente más simples. Sin embargo, se desconocen los pasos entre la mutación y la neurodegeneración generalizada que se observa en estas enfermedades. Otra pregunta importante alrededor de la causa de estas enfermedades es su aparente dependencia de la edad del paciente. Los enfermos de la mayor parte de las enfermedades neurodegenerativas son característicamente personas de más de 50 años. ¿Por qué no aparecieron antes? ¿Qué cambios suceden en el cuerpo que desencadenan la enfermedad? ¿O es que la enfermedad se tiene desde pequeño, pero se mantiene indetectable?
En segundo lugar, el momento del diagnóstico no se corresponde con el momento en que la enfermedad comienza. De este modo, en el momento en que aparecen los primeros síntomas de la enfermedad de Parkinson o de Alzheimer más del 80 por ciento de las neuronas de las áreas afectadas por estas enfermedades están ya muertas. Se están llevando a cabo esfuerzos intensivos para desarrollar nuevos métodos de diagnóstico que permitan detectar la enfermedad cuando aún se está a tiempo de prevenir la muerte neuronal. Gran parte de estos esfuerzos requiere un mayor conocimiento de las causas de la enfermedad.
En tercer lugar, el cerebro es un órgano especialmente inaccesible. La barrera existente entre los vasos sanguíneos del cerebro y el propio tejido cerebral, llamada barrera hematoencefálica, es extremadamente restrictiva y no deja pasar casi nada. Miles de científicos están intentando evadir el control de paso de la barrera hematoencefálica, por medio del desarrollo de nuevos métodos de “entrega” de las drogas neuroprotectoras o de nuevas sustancias que sean capaces de atravesar la barrera sin perder capacidad neuroprotectora.


¿En qué punto del camino se encuentran los científicos para hallar una fórmula que permita controlar o ralentizar este tipo de dolencias?
No sabría decir con seguridad, pero en una escala del 0 al 10, donde el 10 sea encontrar un tratamiento más o menos efectivo, yo diría que alrededor del 6. Se conocen muchas sustancias y genes que tienen un efecto neuroprotector general a nivel de células e incluso ratas y ratones. Hay otras moléculas que no proveen mucha protección pero que previenen algunas de las características patológicas de estas enfermedades a nivel molecular, como son la acumulación aberrante de proteínas en el cerebro. Los ensayos con células madre muestran resultados prometedores de cara a reconstituir el tejido neuronal destruido en las enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, existen aún muchos retos que superar, verdaderos problemas que no son fáciles de resolver. He mencionado algunos en el punto anterior.

Enfermedades como el Alzheimer o la demencia senil tienen un fuerte impacto social por su carácter singular. ¿Existe una sensibilidad especial hacia las investigaciones en este campo?
El impacto social de la demencia no es sólo debido a su carácter singular, sino a su frecuencia. La demencia afecta a más de 35 millones de personas en el mundo, siendo la enfermedad cerebral más frecuente del mundo. Se calcula que aproximadamente la mitad de las personas con más de 80 años muestran signos de demencia. La Organización Mundial de la Salud calcula que, en el año 2040, la demencia y otras patologías cerebrales mucho menos frecuentes habrán superado al cáncer como la segunda causa de muerte en los países desarrollados, después de las enfermedades cardiovasculares. El impacto, por tanto, no es sólo social sino también económico. El mantenimiento de los enfermos de Alzheimer y otras demencias, que se deterioran hasta el punto de quedar completamente inmóviles, representa una carga económica terrible para las familias afectadas, pero también para los estados. Y encontrar un tratamiento que curara la demencia, o que simplemente retrasara su desarrollo o mejorara la calidad de vida de los pacientes, sería un negocio de millones y millones (y millones) de euros para las compañías farmacéuticas. Por estos motivos, una amplia mayoría de la comunidad científica, pública y privada, están invirtiendo enormes cantidades de dinero en encontrar nuevas terapias para la demencia y otras enfermedades neurodegenerativas relacionadas. El Parkinson es otra enfermedad bastante frecuente y que se beneficia de este estatus. Por otro lado, enfermedades menos frecuentes como la enfermedad de Alexander se encuentran un poco desamparadas por el panorama internacional.

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